Depende del lugar. En veredas y espacios de dominio público se consulta primero al área de espacio público de la comuna correspondiente; en veredas de consorcios, hace falta el visto bueno de la administración y, cuando toca mobiliario compartido, también de los vecinos que lo usan a diario. No avanzamos sin esa conversación previa por escrito, aunque sea breve.
Contanos qué espacio tenés en mente
Antes de escribir, vale la pena ordenar la idea: qué lugar es, quién lo usa hoy, si hay un consorcio o un espacio comunitario que pueda acompañar y qué te gustaría que pase ahí. No hace falta tener el proyecto cerrado. Alcanza con una descripción honesta del punto de partida y de las personas que estarían dispuestas a cuidarlo después.
Si la intervención toca vereda, plaza o mobiliario público, la conversación empieza por los permisos y por cómo se retira todo al final. Si es un cantero olvidado o un banco de un patio interno, el recorrido es más corto pero igual necesita un acuerdo claro con quien lo va a mantener.